martes, 19 de noviembre de 2013

Las mujeres antes de ponerse los tacones.

"El marido le debe protección a la mujer y la mujer le debe obediencia al marido." Así lo estipulaba el Código Civil de Colombia en 1887, donde establecía que la mujer luego de casarse no podía tener ninguna libertad económica, ni civil, pues estaba subordinada a lo que su esposo quisiera. Las mujeres en esa época no podían ser propietarias de ningún bien, ni trabajar para mantener el hogar, era el hombre quien traía la comida a la casa y el que daba las órdenes para administrar tanto la casa como de educar y cuidar a los hijos y a la familia en general.
Tanto era la situación marginal de la mujer en el siglo XIX, que sus derechos fundamentales eran fácilmente violados, por ejemplo: si una mujer era sorprendida en el acto sexual con alguien que no era su marido este podía cobrar venganza asesinándola, pues el Código Penal de 1890 exhumaba de toda culpa al hombre y le permitía el derecho de homicidio para recuperar el honor. Si éste no quería privar a la mujer de su vida podía el mismo otorgarle cualquier castigo y en el tiempo que él quisiera con tal de no sobrepasarse de los cuatro años.
Las mujeres a principio de siglo eran educadas desde sus casas para ser damas sumisas y tiernas que estuvieran todo el tiempo en el hogar para poder criar correctamente a sus hijos y estar siempre disponible para su esposo. Ya terminando el siglo XIX las mujeres se dividieron en dos clases. La primera era de jovencitas de buena familia, con una gran oportunidad económica y capaces de acceder a la educación religiosa, ya que para esa época las señoritas ocupaban el 34% de estudiantes y 37% de institutoras, mayormente en primaria. 
Y la segunda clase, donde la mayoría eran muchachas campesinas o pobres que no tenían el sustento económico para pagar  institutriz, por esas razones eran obligadas a trabajar y luchar por su familia, aunque fueran pequeñas. Pero había algo que unía las dos clases: el fin último de toda dama era el hogar, sus hijos y su esposo, todas vivían para construir una buena familia.
En 1899 las niñas podían aprender en el colegio, aparte de religión, ética y etiqueta; aritmética, historia, canto y dibujo. Claro que estas clases no eran tan profundas como la de los hombres, pues ellas solo eran educadas para ser: amas de casa, religiosas o célibes caritativas.
A principios del siglo XX, en la década de los 20 los pensamientos de muchos hombres y mujeres se transformaron gracias a las luchas de años anteriores y por la creciente modernización que sufría Colombia para esas fechas. Las mujeres ya podían estar un poco más vinculadas a la política, gracias a sus maridos o ya podían ser maestras en escuelas y trabajadoras en fábricas textiles. Cuando la mujer empezó a trabajar, fue cuando empezó a cambiar al mundo y a independizarse.

Posteado por: Alexandra Clavijo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario